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Psicólogo especializado en estrés en Madrid

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Terapia psicológica para combatir, reducir y controlar estrés en Madrid

¿Qué es el estrés?

El estrés es el proceso de activación fisiológica del cuerpo, que se pone en marcha cuando valoramos que las demandas del exterior son superiores a nuestros recursos para hacerles frente. A dosis bajas, el estrés puede ayudar a la persona a enfrentarse a estos retos o conflictos. Sin embargo, existen situaciones que nos superan y en este caso el estrés se convierte en una emoción negativa, incapacitante y provoca un gran malestar en la persona que lo sufre.

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Todos nuestros psicólogos están colegiados en el colegio de psicólogos de Madrid y debidamente acreditados.

Estrés

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Gestionar el estrés con técnicas psicológicas

El estrés es difícil de gestionar si no se tienen unas pautas y unas herramientas determinadas, para lo cual un psicólogo es una gran ayuda. Lo primero que debe hacer la persona es aprender a reconocer el estrés cuando aparece mediante la identificación de signos diferentes según la persona.

Puede aparecer irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza o de estómago o pérdida o incremento de apetito.

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Recordemos que el estrés es una sensación física y/o emocional provocada por multitud de factores como:

  • La sobrecarga de trabajo o de actividades fuera del trabajo que exigen esfuerzo por nuestra parte.
  • Problemas económicos.
  • Problemas familiares o en relaciones sociales (amigos, compañeros, etc.).
  • La falta de tiempo libre o de actividades de ocio que nos motiven.
  • Exigirse mucho a uno mismo en el trabajo, en la vida personal o con los demás.
  • No saber poner límites entre los demás y nosotros, cargando con tareas que no podemos cumplir sin desatender las nuestras propias.
  • No comprender qué nos pasa a nosotros mismos en un momento dado.

Nuestros psicólogos a través de las terapias psicológicas asesoraran y ayudaran al paciente a combatir el estrés, al mismo tiempo que analizaran las causas de su aparición como puedan ser determinadas situaciones que nos obligan a procesar información de forma muy rápida, cierto rechazo o aislamiento por parte de un grupo, posibles amenazas que nos puedan perjudicar, determinados aislamientos, ciertas situaciones que afecten negativamente a nuestros intereses o simplemente por frustración y presión social.

Con la orientación profesional de un psicólogo seremos capaces de identificar situaciones de estrés y poder superarlas para así poder realizar con normalidad las tareas de nuestra vida cotidiana.

Generalmente, el estrés finaliza cuando la demanda externa acaba, reduciéndose la activación fisiológica. Sin embargo, empieza a ser perjudicial cuando no se recuperan la energía o los recursos gastados.

Cuando esto ocurre, se produce un desgaste importante del organismo y la persona experimenta una sobrecarga que puede influir en el bienestar tanto físico como psicológico.

Acostumbrado al estrés sin darse cuenta

Muchas veces, ni siquiera la persona sabe que está padeciendo estrés; sintiéndose irritable, cansado, frustrado y con molestias físicas (contracturas, dolores de cabeza, sudoración, taquicardias…) sin saber cuál es la fuente que le genera estos problemas.

Existen tratamientos médicos y psicoterapéuticos que pueden ayudar a aliviar este sufrimiento y a recuperar el funcionamiento adecuado en todas las áreas importantes para la persona.

Consideramos el estrés como algo malo cuando se alarga en el tiempo. El estrés es una reacción natural del cuerpo que nos avisa de un posible peligro o amenaza, por lo que entendemos que debe ser algo pasajero. No está estipulado cuál es la duración normal de la respuesta de estrés de nuestro cuerpo, pero debería desaparecer cuando esa amenaza desaparezca. En ocasiones esto no ocurre así, sino que la respuesta de estrés se mantiene durante más tiempo desde que la amenaza desapareció.

Ansiedad y otras enfermedades

En este caso el cuerpo se mantiene en alerta, con la ansiedad correspondiente y las sensaciones físicas que pudieran aparecer. El cuerpo se desgasta, nuestra mente también, y los síntomas se vuelven más graves y molestos. A la larga se pueden sufrir trastornos digestivos, inmunológicos, enfermedades cardiovasculares, problemas graves del sueño, etc. La tristeza se suele mantener en el tiempo y puede darse enfado o mayor irritabilidad. Si esto ocurre así, las personas podemos llegar a sufrir trastornos graves de depresión o ansiedad, diabetes, hipertensión o enfermedades cardiacas.

Por todo ello, es importante tener en cuenta cómo podemos reducir el estrés en nuestro día a día y poder evitar las consecuencias negativas que pueda acarrearnos en un futuro, siempre y cuando no hayamos llegado a desarrollar este tipo de enfermedades que hemos mencionado, en cuyo caso deberemos acudir a los profesionales de la salud correspondientes.

Podemos encontrar diferentes tipos de estrés. Teniendo en cuenta que el estrés es una reacción del cuerpo a algo externo que nos prepara para una posible amenaza, podemos considerarlo normal, y en ocasiones beneficioso. Nos podemos encontrar con:

Estrés normal:

Podemos notar ansiedad, pero no en un grado muy alto. Esta ansiedad nos puede ayudar a solucionar problemas al verlos como una amenaza inminente.

Estrés patológico o crónico:

En este caso la ansiedad es mayor y puede dar lugar a tristeza, confusión, culpabilidad, además de sensaciones físicas como cansancio, insomnio, falta o aumento de apetito, dolores de cabeza o síntomas estomacales.

El estrés, se produce en momentos puntuales y de forma temporal, como respuesta a sucesos estresantes, y como resultado la persona padece sintomatología ansiosa.

Sin embargo, también puede ser puede aparecer el estrés crónico, se da cuando el estrés se prolonga en el tiempo, se produce un agotamiento físico, emocional y mental que tiene consecuencias negativas en la salud de la persona, pudiendo provocar problemas graves a medio y largo plazo.

Este tipo de estrés es muy diferente al estrés que puede provocar una situación o situaciones determinadas en el momento en la vida de una persona. El estrés postraumático hace referencia a una activación fisiológica relacionada con la ansiedad, similar a la del estrés, pero su base reside en la vivencia de un evento traumático en un pasado.

Este evento es revivido por la persona una y otra vez y pueden presentarse imágenes, sonidos, olores, etc. revividas una y otra vez. La activación fisiológica de la persona es la misma que la que se dio en el evento traumático, y por ello es muy invalidante en la vida de las personas que lo sufren. El estrés postraumático se caracteriza por: Aparición de recuerdos intrusivos, mediante las reviviscencias ya mencionadas.

Recuerdos

Evasión de los recuerdos intrusivos o de lugares o personas que recuerden al evento traumático.

Cambios en el pensamiento

Cambios en el pensamiento y en el estado de ánimo que generan pensamientos recurrentes sobre el evento traumático, desesperanza, dificultad para mantener relaciones, dificultad para sentir emociones positivas o sentirse insensible, etc.

Cambios en reacciones físicas

Cambios en reacciones físicas y emocionales que provocan estar siempre en alerta, asustarse fácilmente, dificultades en la concentración, problemas de sueño, irritabilidad o sentimientos de vergüenza o culpa.

Sentimiento de culpa

En casos muy graves, pueden aparecer pensamientos de suicidio por el sufrimiento que genera la situación de la persona. Es importante tratar este tipo de trastorno con un especialista para lograr superarlo y recuperar la normalidad mediante una terapia constante y eficaz.

El estrés laboral es uno de los problemas de mayor actualidad y que más casos está acumulando en los últimos años. Puede darse de manera puntual por un problema aislado, o puede darse un estrés crónico acumulado a lo largo del tiempo que genera una activación fisiológica base alterada.

Los síntomas más habituales en este tipo de estrés son insomnio, dolores de cabeza, molestias estomacales, taquicardia, depresión o ansiedad. Algunas de las causas que pueden provocarlo son la sobrecarga de funciones, un salario no correspondiente a las tareas o a la formación de la persona, el acoso laboral, la falta de incentivos y, por tanto, motivación o la falta de realización personal dentro del puesto de trabajo.

Algunas consecuencias derivadas del estrés laboral pueden ser problemas de memoria, problemas de atención y concentración y, por tanto, problemas en el rendimiento laboral, que pueden alimentar a su vez dicho estrés. Las consecuencias del estrés laboral sobre la salud pueden ser graves, desde el insomnio, dolores de cabeza y enfermedades dermatológicas, hasta diabetes, problemas de tiroides e hipertensión, esta última pudiendo ser un precursora de un futuro infarto.

Es importante intervenir sobre el estrés laboral lo antes posible mediante las técnicas ya descritas para evitar que las consecuencias sean irreversibles.

La mayoría de la gente relaciona el estrés con mantenerse activo y rendir más, pero la realidad es que el estrés agota nuestras fuerzas y aumenta más el cansancio de la persona, impidiendo ese rendimiento extra.

Este cansancio es aumentado por la calidad del sueño mientras se padece estrés. Puede que la persona tenga dificultades para quedarse dormida y esto reduzca las horas de sueño, o incluso llegue a no dormir (insomnio). La persona también puede despertarse más veces en la noche, impidiendo que el cerebro llegue a la fase

Fase REM

Fase REM, es la etapa profunda del sueño en la que nuestro cuerpo y nuestra mente realmente descansan. Algunas personas señalan que el cansancio extremo también puede ser provocado por el estado de activación del cuerpo durante todo el día. En periodos de estrés, el cuerpo se mantiene en alerta ante un peligro inexistente, lo cual provoca cansancio y necesidad de descansar.

Para tratar este cansancio hay que tratar el estrés mediante las técnicas ya mencionadas, además de intentar regular nuestra actividad diaria y practicar la relajación y evitar los pensamientos negativos.

Identificación de algún evento externo

A su vez, es importante identificar si hay algún evento externo que pueda estar provocando estrés, ya sea con la familia, en el trabajo, las relaciones en general, problemas económicos o problemas de salud. Para manejar el estrés existen técnicas saludables, por lo que se debe evitar aliviarlo mediante el alcohol, el tabaco, la comida, etc. La ayuda de un psicólogo es muy importante para lograr adquirir nuevos buenos hábitos adaptados a cada persona y mejorar la calidad de vida de la persona.

Según los psicólogos, es importante realizar actividades satisfactorias para uno mismo para controlar el estrés. Dedicar momentos a lo largo del día para uno mismo ayuda a mantener un estado de activación fisiológica adecuado, además de desconectar la mente de la fuente de estrés.

Actividades

Guardar unos minutos al día para realizar pequeñas actividades que nos provocan satisfacción, como puede ser jugar con nuestros hijos, realizar algún deporte, escribir, leer un libro o ver una película cómica, puede resultar muy eficaz para controlar nuestro estrés

 

Algunas recomendaciones para controlar y evitar el estrés son:

Aprender de nuestras respuestas al estrés para poder estar alerta:

Todos en algún momento de nuestra vida hemos padecido algún episodio de estrés por diversos motivos. Debemos observar las respuestas que da nuestro cuerpo a los eventos que nos suceden para poder anticiparlas en eventos similares. De esta manera podremos predecir la ansiedad antes de que aparezca, no dejando que sea tan alta como en situaciones anteriores. Reconocer las señales de nuestro cuerpo nos permite ser conscientes de lo que nos está pasando para buscar soluciones que sean efectivas.

Establecer actividades prioritarias:

Debemos priorizar tareas y saber dejar otras no tan importantes para más tarde. El hecho de agobiarnos con las cosas que tenemos que hacer alimenta el estrés, por lo que es conveniente manejarlo estableciendo una lista de tareas prioritarias y tareas que podemos dejar para no sobrecargarnos de trabajo. Es importante tener claros nuestros objetivos para que la elaboración de nuestra lista sea efectiva.

Practicar ejercicio:

Es sabido por todos que realizar ejercicio diario mejora nuestro estado de ánimo y es beneficioso para nuestra salud. Podemos encontrarnos mejor, sentir menos tristeza y malestar general y reducir el riesgo de una enfermedad cardiovascular, reduciendo así el riesgo de padecer enfermedades a las que nos acerca el estrés. La práctica de 30 minutos de ejercicio diario, como andar, resulta muy beneficioso para nuestro cuerpo.

Practicar actividades relajantes:

Desde practicar actividades que nos resulten relajantes a nosotros (leer, escuchar música, etc.), hasta prácticas de relajación al uso (meditación, relajación muscular, ejercicios de respiración, etc.). Cualquier actividad que nos resulte relajante provoca en nosotros un descenso de la ansiedad y regulación corporal. Si las actividades relajantes se practican durante unos minutos al día, podemos notar los efectos en poco tiempo.

Practicar actividades placenteras:

Además de actividades que nos relajen, también es importante realizar actividades que nos resulten gratificantes, ya sea ir al teatro o quedar con nuestros amigos, por ejemplo. El hecho de desconectar de nuestras actividades rutinarias o de acontecimientos negativos durante un tiempo determinado es necesario y beneficioso para nuestra salud.

Evitar cafeína, alcohol y tabaco:

Estas sustancias son estimulantes, por lo que no nos ayudarán a aliviar los síntomas provocados por el estrés. Aunque a veces nos resulte complicado, es conveniente reducir el consumo de estas sustancias para que las soluciones que estemos tomando para el control el estrés sean efectivas en la medida de lo posible.

Confiar en nosotros mismos:

La confianza en uno mismo, en sus valores, en sus creencias, capacidades y metas, ayuda a mantenernos en nuestro posicionamiento inicial y nos da fuerzas para continuar para alcanzar nuestros objetivos a pesar de los obstáculos. Tener claro por qué seguimos al pie del cañón nos permite controlar el estrés y nos permitirá conseguir nuestras metas sin desistir. La sensación de amenaza será menor y tomaremos los obstáculos como desafíos que debemos vencer y nos aportarán aprendizaje y crecimiento personal.

Contar con nuestro entorno:

Apoyarnos en los demás siempre es beneficioso para nosotros. Nuestros seres queridos (familia, amigos, compañeros, etc.) pueden darnos apoyo emocional y aconsejarnos desde una perspectiva diferente a la nuestra, haciéndonos ver las cosas de otra manera.

Acudir a un psicólogo:

Podemos contar con la ayuda de un profesional en psicología cuando lo consideremos necesario, sin esperar a que aparezcan síntomas muy graves. Si notamos ciertos síntomas físicos o psicológicos, debemos pedir ayuda a un profesional, ya sea un médico o un psicólogo, antes de que sean mayores. Cuanto antes los atajemos, más fácil será superarlos.

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